Escuchar

muñeco

                                  CUENTO TERAPIA 

               ESCUCHAR 

“Escuchar es un arte sutil que poca gente practica.” 

Relato real ocurrido a  S.Camprubí en Galerías El Aguila en Barcelona, años 70.

                   LOS JUGUETES TENIAN UN DIOS

 Zhor estaba nervioso. Había encontrado un nuevo trabajo y sólo sabía que estaba relacionado con juguetes, pero no sabía nada más y lo principal, lo que le pagarían tampoco.

 –    Bueno, voy a ver, se dijo para sí.

 Llegó a los grandes almacenes, el día era lluvioso, triste y entró al hall, al bar y pidió un café antes de su entrevista.

 Se fijó en su alrededor. Era amplio, con gran distancia entre todos los objetos: mesas, salones, era un gran espacio. Se dijo, el tener espacio es ser rico. Curioso.

 En ese momento anunciaron por el altavoz: Sr. Zhor, se le solicita en recepción.

 Zhor se sorprendió. Aún no era la hora de su entrevista y le llamaban.

 Dejó a medio tomar el café y corriendo preguntó en recepción:

 – Creo que me han llamado.

 – Sí, le dijeron, vaya al segundo piso , mano derecha y pregunte por el Sr. Carlos.

 Carlos era simpático. Le saludó y le invitó a sentarse.

 – Mire Sr. Zhor, su trabajo será vender juguetes en la planta principal.

 – Bien, pensó Zhor……pero…, dijo Carlos,” hay un matiz……son TODOS juguetes defectuosos….”

 Esto sorprendió a Zhor, no sabía que los juguetes defectuosos se pudieran vender….

 – Mire, hay algunos errores en el transporte de juguetes, algunos son golpeados, otros se caen y tenemos miles para tirar, pero he pensado que quizás podamos sacar algún dinero de algunos de ellos.

 Zhor, dudó….. ¿Cómo se podían vender juguetes con defectos?  Iba a denegar su oferta, pero Carlos le dijo…….

 – del total de lo que venda cada día tendrá como sueldo la mitad……

 – Lo intentaré……..pensó Zhor…..pero enseguida se dio cuenta que intentarlo es pensar que no lo conseguiría, y cambió su pensamiento: Lo haré!

 Al día siguiente llegó a las nueve, acababan de abrir lo s grandes almacenes, el día empezaba, se olía un olor a primavera y el lluvioso día anterior se había convertido en un radiante día de sol, un viento suave y fresco estaba en el ambiente, y Zhor se animó.

 Oh! una gran torre de unos mil juguetes estaban tirados, sí, tirados de cualquier forma en una pequeña montaña en el suelo. Había trenes sin máquina , muñecas que le faltaba una pierna, o bien un ojo, elefantes sin trompa, camiones sin volante o sin ruedas…….”son como personas” , se dijo Zhor, están  fuera de la cadena, de su cadena de vida…….pero dijo Zhor……

”Aún NO, aún estoy yo……”

 Comenzó a ordenar  los juguetes por clases: muñecas, trenes, aviones, camiones, coches, y así……pero cuando justo empezaba se acercó un señor bien parecido con un bastón, era ciego.

 – “Me han dicho, dijo, que aquí venden juguetes defectuosos…., preguntó”,

–     Sí , contesto Zhor, pero dudo que le puedan servir, sino los ve bien, quizás no le guste lo que regale a la otra persona…….No importa, contestó el ciego, confío en Ud……me gustaría un tren, tiene algo…….?

Zhor miró, tenía o veía como entre veinte trenes medio rotos…..

 A uno le faltaba la máquina , a otro una rueda, ¿cual le daré al ciego…..?

 Durante unos segundos, donde el tiempo se congeló, Zhor encontró que él, los juguetes, el ciego, los almacenes, el día soleado eran todo uno, le extrañó  la sensación tan extraordinariamente agradable que le invadió………cogió un trozo de un tren  por aquí, un vagón por allá y montó como por arte de magia un tren perfecto…..

–  Bien! Se dijo….., aquí tiene su tren, es perfecto, pero cada vagón es de un color distinto, y algunos son un poco más grandes que otros, pero todos están bien, ¿Qué  le parece?, le preguntó al ciego…..

–  No me importa, cuánto le debo……

 Esta pregunta era la primera que Zhor no había pensado, pero se acordó de una frase del Sr. Carlos:

 –  “Haga lo que quiera, cada día debe de vender un mínimo de 500 dólares para poder trabajar al día siguiente, la mitad serán suyos, pero debe venderlos como a Ud. le parezca no hay precios, ni condiciones ni nada, sólo el importe que le indico….”

 Le contestó Zhor al ciego : 

 – 30 dólares…. ¿qué le parece?

–  Lástima , contestó el ciego, no tengo tanto

 –  ¿Cuanto tiene  , preguntó Zhor?

– Sólo 15 dólares………No importa, dijo Zhor, se lo envuelvo……

 En su primer día Zhor, vendió 1500 dólares , Bien! Pensó…..un éxito…..

 Poco a poco, día a día iban acudiendo personas a los grandes almacenes en busca de algún juguete defectuoso, que al final se los daba Zhor  casi perfectos, pero bueno, había algo que era diferente, pero en conjunto les gustaba a la gente.

Zhor escuchaba a sus clientes, les miraba a los ojos, a veces le contaban cosas personales: estoy divorciada, decía una señora, otro decía : mi hijo no estudia, y así.

Zhor, fue de forma curiosa hablando y escuchando más a sus clientes pero cada vez hablaba menos de los juguetes, pero vendía cada vez más.

 Esto sorprendió a Zhor………hablaba Zhor del dolor de muelas a  una  cliente:

 –    Mire, tome un vaso de agua tibia, con un poco de miel y zumo de limón, y cuando lo tenga hecho se enjuaga la boca tres veces cada día, pero en cuanto pueda vaya a su dentista……….

 Cada día le traían  una montaña de juguetes defectuosos y cada día por la tarde, al final del día no quedaba apenas ningún juguete.

 Zhor sentía que escuchando a las personas, en realidad, no era ese el negocio, pero al final siempre le compraban un juguete y a veces dos o tres la misma persona.

Todos se iban mejor, más tranquilos, contentos, y con alguna muñeca con ojos diferentes, piernas parecidas, pero a todos les gustaba.

 Decía Zhor:

– “ En la imperfección , existe dentro de ella misma, en su esencia, una perfección perfecta, una belleza que con los ojos no se ve…..”, se ve , como el ciego, con la confianza que Zhor transmitía.

 En los grandes almacenes veían  que cada mañana dos toros de juguetes se descargaban y al final del día quedaban algunos restos del puzle que Zhor cada día realizaba…..de su “sinfonía imperfecta”  donde era el director, como dijo una vez un niño: –

 – “El dios de los juguetes, porque los arregla cuando iban para la basura……es un dios, le dijo el niño a su madre, Sí decía la madre, vale…..pero déjame ahora que tengo prisa.

 Un día Zhor no apareció…….aparentaba unos sesenta y pocos años, bien conservado, afeitado perfectamente, bien arreglado, con corbata y un buen olor a una fragancia que olía  algo de jazmín…..

 Los juguetes fueron descargados, y una cola de unas ochenta personas esperaban….¿Dónde está Zhor? Decían…….la empresa les dijo que no vendría más, había tenido un problema de salud…….y pusieron entonces a un vendedor más joven un poco más informal de vestimenta , simpático…..pero cada día la gente era menor y no vendía lo que la empresa le exigía………..

 Preguntó una madre a su amiga:

– ¿Cómo es que aquel Zhor vendía tanto y ahora apenas viene gente?

 Le dijo su amiga, con su niño escuchando atentamente.:

– el vendedor de ahora SOLO vende juguetes……

 –    Si dijo, el niño, era un dios de los pequeños juguetes, era mi dios, y las dos madres se rieron, abrazando a su niño fuertemente contra su cara y dándole un gran beso…..

– Era un pequeño dios, sí eso, dijo el niño riendo y abrazando y riendo con su madre.

  Los vendedores de la planta se quedaron sorprendidos, creían que vendían objetos pero se dieron cuenta que al final  vendían  algo que es gratis, sin precio.