Lo que creemos que nos impide volar

monje-budistaCUENTOS A PETICIÓN

     Lo que creemos que nos impide volar

< Si se pudiera destruir  todo aquello que creemos que nos debilita:  miedos, complejos de todo tipo, adversiones, debilidades, faltas de audacia, de coraje, de certeza, de decisión…. nos daríamos cuenta que la vida se tornaría más pobre, y que aquello que ahora somos, no lo habríamos logrado, porque… todo eso es nuestro opuesto complementario.

 Demóstenes gracias a su tartamudez, se convirtió en  el  más grande orador que la Humanidad ha conocido.>

  Cuentan los antiguos que un viejo monje se adentró en la selva, y muy pocos sabían donde estaba. Había sido conocido de joven como un gran atleta en todas las artes: caza, pesca, lanza, flecha, espada, saber montar a caballo, pero sobre todo nadar.

 Cuando se lanzaba al agua, ya estando en el aire, se transformaba, y su musculatura se estiraba como la de un pez. Cuando rompía el agua, sin nadar, se desplazaba muchos metros y cuando nadaba, parecía volar o correr en el agua.

Decía que era así porque le encantaba la textura y temperatura del agua, le llamaba su amada agua.

 Pero un día, sin saber más, decidió hacerse monje y se perdió dentro del bosque.

 Todo quedó así, hasta que un día unos terratenientes quisieron  que su hijo supiera nadar, sólo nadar, pero su hijo Wing, nunca se atrevía a hacerlo ya que decía “no saberlo todo aún”, así estuvieron visitando a muchos profesores, atletas, deportistas y al final acabaron yendo a médicos, ya que decían que no era usual.

 Un día, un médico anciano les dijo:

–         Yo no puedo curar a vuestro hijo, pero sé a ciencia cierta quien puede.

Los padres se adentraron en la selva buscando y al monje y  un día se encontraron frente a frente con el monje en cuestión, ya muy anciano.

Se acercaron…, el monje no les miraba, parecía ensimismado en algo que sólo él conocía y los padres creyeron que se habían  equivocado, giraron para irse, pero el anciano, con voz poderosa les dijo:

–         ¿tan rápido os rendís?

 El sonido de la voz, fuerte, decidido, a pesar de ser un anciano les atrajo, porque intuyeron que en esa fuerza habría aún sabiduría.

– Maestro, dijeron los padres, queremos que nuestro hijo nade. Ha ido con los mejores maestros, profesores, pero siempre hay algo más para aprender, dice, y nunca se decide a nadar…..

 Ha aprendido todas las artes de natación, pero duda…. nunca ha nadado.

 El Maestro parecía seguir absorto en una especie de pensamiento interior que le parecía divertido, ya que de vez en cuando con los ojos cerrados, asentía o sonreía.

 De pronto, por sorpresa,  se levantó de un salto como una gacela y se sentó al lado del chico.

El chico, tendría unos 18 años y l le miraba muy sorprendido al anciano monje, ya que lo comparaba con sus otros maestros y éste era un anciano mal vestido, arapiento muy extraño.

 -Ven, te enseñaré todo lo que sé de natación, dijo el Maestro.

 Se acercaron al río y de un empujón echó al joven al agua…

 Los padres se asustaron, pero el anciano miraba el agua como quien mira un amanecer, riendo.

–         Se ahogará, dijeron, no sale a flote….

El anciano parecía ser muy feliz, y de pronto el joven salió como una flecha nadando y maldiciendo al maestro…….

 El maestro dio un gran salto de júbilo y dijo:

 –         Un pez nada siempre, sólo que a veces  “aún no sabe”  que es un pez……