LA AVENTURA DE LA HISTORIA Adolf Hitler(El Mundo, hoy)

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LA AVENTURA DE LA HISTORIA Adolf Hitler La biografía impostada
Pese a su inteligencia, no superó la enseñanza media

Al cumplir la edad militar esquivó su reclutamiento yéndo a Múnich

Sin la Gran Guerra, Adolf Hitler hubiera sido un don nadie

Adolf Hitler (Braunau am Inn, Austria, 20 de abril de 1889-Berlín, 30 de abril de 1945) un joven fracasado, un ambicioso resentido, un mediocre incapaz de empeñarse en un trabajo que requiriera esfuerzo y constancia, terminó siendo uno de los personajes más terribles del siglo XX, un dictador que preparó a Alemania para una venganza apocalíptica y la condujo a una destrucción inenarrable. 125 años después de su nacimiento, su figura, obra y atroces consecuencias siguen presentes y, sin duda, es la figura más estudiada, biografiada y debatida del siglo XX.

Fue un mal estudiante que no superó la enseñanza media aunque sus profesores le reconocían inteligencia y gran memoria, pero le achacaban su vagancia. Perdió su pubertad en Linz vagueando a costa de su madre, sólo ocupado por la asistencia a la ópera y sus fantasías sobre la remodelación urbana de la ciudad. En Viena, a donde se trasladó para estudiar Bellas Artes, dejó constancia de su auténtica capacidad: no superó las pruebas de acceso e incapaz de aprender un oficio y abordar un trabajo que requiriera esfuerzo, dilapidó su mediano peculio en la ópera, en conocer la ciudad, sus instituciones políticas y en asistir a todo tipo de mítines nacionalistas, desembocando en la indigencia, viviendo en casas de acogida y logrando algunos ingresos como pintor de postales.

Hitler en la Primera Guerra Mundial
Al cumplir la edad militar esquivó su reclutamiento trasladándose a Múnich y desde allí recurrió a todo tipo de tretas para evitar las reclamaciones del ejército austriaco. Pero al estallar la Gran Guerra, corrió a alistarse, quizá creyendo que el conflicto le permitiría escapar de su sórdida existencia y mísero futuro.

En la guerra, tras haber visto diezmado a su regimiento, hizo como en la paz: escurrió el bulto, se enchufó en la plana mayor y ejercitó como enlace de segunda línea, granjeándose, incluso, una cruz de hierro de despacho -tal como ha demostrado Thomas Weber , en La Primera guerra de Hitler-.

Tras la derrota, parece que coqueteó con los comunistas del Gobierno golpista de Baviera en 1918/19 y, que, tras el derrocamiento de los comunistas, salvó la piel delatando a quienes los habían apoyado. Se trata de un período mal conocido porque los nazis trataron de borrar huellas tan comprometedoras y Hitler, en su Mein Kampf se fabricó todo un mítico pasado militar, lo mismo que falsificó su pubertad y juventud.
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E, igualmente, fabuló la construcción de la ideología nazi, que pretendió cocinada en las trincheras junto con los camaradas del regimiento Linz. No hubo tal. Su ideario anticomunista lo recibió en la Universidad de Múnich, en un curso de adoctrinamiento anticomunista para impartir lo a los soldados; su antisemitismo data de la misma época, 1919, cuando en el regimiento le pidieron que sistematizara las razones del antisemitismo. Sus ideas sobre la “puñalada por la espalda”, el impago de las indemnizaciones de guerra, la remilitarización, el rechazo de la ocupación extranjera, la unificación de todos los alemanes son las ideas del nacionalismo y de gran parte de los alemanes del momento, indignados por la paz cartaginesa impuesta en la conferencia de Versalles por los vencedores.

Las ideas de la superioridad aria y la pureza de sangre las había escuchado a los charlatanes nacionalistas en las calles de Viena, las había absorbido en las óperas wagnerianas y se las pulieron filósofos como Rosenberg, uno de sus colaboradores de primera hora.

Hitler en el Putch de Munich
El Lebensraum, “el espacio vital”, la expansión hacia el Este, era también una vieja idea de los geopolíticos nacionalistas, que Hitler conoció gracias a su fiel Rudolf Hess, discípulo del profesor Haushofer, portaestandarte de la Geopolítica. La primera vez que Hitler habla del Lebensraum es en Mein Kampf, escrito durante su encarcelamiento en Landsberg tras el Putch de Múnich de 1923.

Es decir, las ideas que Hitler esgrimió como orador político inicialmente en el DAP y, luego, en su NSDAP -evolución de aquel- son fruto de sus vivencias anteriores a la guerra, de las ideas desarrolladas para sobrevivir en la posguerra al servicio del Ejército, de la reacción general alemana contra las imposiciones de Versalles y de cuanto se le fue adhiriendo gracias a su círculo nazi de primera hora, hasta su formulación en Mein Kampf.

Como se ve, aunque no saliera de las trincheras como Hitler pretendió para darle un tinte heroico, el ideario nazi fue fruto de la guerra y el propio Hitler, también. Sin la Gran Guerra, Adolf Hitler hubiera sido un don nadie, que hubiera consumido su existencia pintando postalitas para turistas.

DISCURSO 1932

El nombre en clave del proyecto de 1940 fue primero «Löwe», león, y luego «Seelöwe», león marino
Los planes de Hitler para invadir Gran Bretaña que nunca fueron realidad
ABC
Adorlf Hitler
En julio de 1940, tras haber derrotado con una rapidez inaudita a Francia, Hitler se plantea la eventual invasión del Reino Unido si Londres no se aviene a negociar una paz. El plan fue inicialmente bautizado con el nombre en clave de Löwe (León), aunque más tarde, al parecer a instancias del propio Führer, fue denominado Seelöwe (león marino). Se basaba en una planificación realizada por la Kriegsmarine antes incluso de que diera comienzo la guerra y que llevaba el mucho menos imaginativo título de Plan Nord-West (Norte-Oeste).

La Marina de Guerra del Reich tenía mucho que decir en el tema, no sólo por ser suyo el proyecto inicial, sino porque, como operación de desembarco, debían ser sus buques los que llevasen a cabo la parte más complicada de la misión, que ya en 1939 su Estado Mayor había considerado muy problemática.

A ello vino a unirse el alto coste de unidades navales perdidas en la por otra parte exitosa ocupación de Noruega. Ello evidenció que la Kriegsmarine era la única de las tres armas de la Wehrmacht que estaba en clara desventaja frente a sus rivales aliadas por número y potencia de sus buques. Y, particularmente, porque carecía de unidades especializadas en acciones de desembarco.

La «Luftwaffe»
Debido a esas circunstancias y reticencias, el Gran Almirante Raeder, en una reunión mantenida con Hitler en la Cancillería el 21 de mayo de 1941, desaconsejó vivamente cualquier intento de invasión de las Islas Británicas sin el claro dominio del aire, desde donde podría apoyarse con efectividad a las unidades de desembarco y a la propia fuerza invasora en tierra.

El mariscal Göring, como otras muchas veces a lo largo de la guerra, se mostró confiado y aseguró que en pocas semanas sería capaz de barrer de los cielos a la aviación británica. Y como tantas veces a lo largo de la guerra (Dunkerque o Stalingrado, por ejemplo) fue vencido por una realidad que nunca llegó a aceptar: la mejor aviación táctica que existía en el mundo no estaba diseñada para mantener de manera continuada operaciones estratégicas.

Mientras hubo opciones de que la Luftwaffe cumpliera con su misión, el planeamiento de Seelöwe continuó adelante, concentrándose hombres y medios en la orilla continental del Canal de la Mancha. Von Reundstedt dirigiría las fuerzas invasoras en tres oleadas formadas por 250.000 efectivos y unos 30.000 vehículos, organizados en tres ejércitos (el 6º, el 9º y el 16º) y apoyados en los puntos clave por fuerzas aerotransportadas.

Pero ni la RAF llegó nunca a ser derrotada por la Lufwaffe, ni la Kriegsmarine a considerar unas mínimas opciones de éxito de tal operación. En cuanto al Heer, el Ejército de Tierra, pensaba que necesitaba disponer en las islas de tres veces más hombres que los planeados inicialmente (hasta un total de un millón de efectivos)… Ni por tierra, ni por mar, ni por aire el Reich estuvo nunca en condiciones de tomar al asalto Gran Bretaña. León Marino fue abandonado.

España y la Operación Félix
Una vez desechado un desembarco en Gran Bretaña, la lucha entre los británicos y el Eje se centró fundamentalmente en el Mediterráneo. Por ello, los planificadores germanos pensaron en cerrar la entrada occidental a dicho mar, ocupando Gibraltar.

Pero resultaba imprescindible contar con el apoyo incondicional de Madrid, algo que no ocurriría, a pesar de las presiones alemanas. Se pensó, incluso, que las fuerzas de la Wehrmacht entraran en la Península a pesar de la oposición española y se comenzó a planificar la Operación Félix, el asalto a la Roca: dos cuerpos de ejército, al mando de Von Reichenau, penetrarían por los Pirineos.

Uno asaltaría el Peñón y el otro aseguraría los flancos, apoyados por tres alas de aviones de caza y bombarderos en picado. Durante la operación se consolidarían las posiciones en el norte de África, Río de Oro y Canarias para bloquear cualquier iniciativa británica. La Abwer de Canaris (buen conocedor de España) se opuso vivamente a la operación por el coste de todo tipo que tendría un enfrentamiento en España. Y ya para entonces, las opciones estratégicas alemanas empezaban a apuntar hacia el Este. Félix, como León Marino, también sería clausurado.

Los personajes
Winston Churchill. Última barrera contra el nazismo
Premio Nobel de Literatura y primer ministro del Reino Unido de 1940 a 1945, Churchill es uno de los grandes protagonistas de la Historia. Magnífico orador y escritor, fue el único faro que guió a los amantes de la libertad en los amargos años de 1940 y 1941, en los que el Reino Unido luchó solo contra el nazismo, cuya amenaza advirtió desde la etapa de «las políticas de apaciguamiento». Durante la guerra, su intervención en la dirección de las operaciones fue constante, alternando aciertos y graves errores. Reconocido por todos como la figura capaz de conducir a los británicos en la contienda, no fue percibido así tras la victoria, y perdió las elecciones de 1945 frente a su fiel aliado en el Gabinete de Guerra, el laborista Clement Attlee.
Woodstock, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965
Hermann Göring. Comandante supremo de la «Luftwaffe»
Segundo hombre más poderoso del Tercer Reich, Hermann Göring ostentó entre otros cargos el de comandante supremo de las fuerzas aéreas, la Luftwaffe. As de la aviación durante la Primera Guerra Mundial, se afilió al partido nazi desde su inicio y participó en el Putsch de Múnich, convirtiéndose en uno de los integrantes del círculo íntimo de Adolf Hitler. Delfín del Führer, su poder fue total, creciendo a medida que su vida personal se volvía más decadente: corrupto, morfinómano, bebedor… La Luftwaffe, la «niña mimada» del régimen, constituyó un fracaso estratégico total. Las relaciones con Hitler se resintieron profundamente por ello. Considerado por el Führer como un corrupto, no llegó a ser censurado públicamente hasta abril de 1945, cuando Göring intentó un golpe de estado institucional. Detenido al final de la guerra, juzgado y condenado a muerte en los Juicios de Núremberg, escapó sin embargo a su destino en la horca al suicidarse en su celda antes la ejecución.
Rosenheim, 12 de enero de 1893 – Núremberg, 15 de octubre de 1946