Napoleón y Josefina, destellos psicológicos.


“No pido amor ni fidelidad eternos, únicamente… la verdad, una franqueza ilimitada. El día que me digas -te amo menos- será el último día de mi amor o el último de mi vida.”

 

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“No he pasado un día sin amarte; no he pasado una noche sin estrecharte en mis brazos”
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Foto de una excepcional carta de amor escrita por Napoleón Bonaparte (1769-1821)
En su carta, Napoleón Bonaparte (1769-1821) se dirige a su futura esposa, a la que llama “incomparable Josefina”, por una acalorada pelea que la pareja tuvo la noche anterior…Especialmente romántica es la despedida: “Yo te doy tres besos, uno sobre tu corazón, uno sobre tu boca, uno sobre tus ojos”

EN SIGLO, ENTRE LA REVOLUCION Y EL IMPERIO

Para intentar explicar dos mundos opuestos y complementarios el autor recoge distintas citas de amor, de humor, de odio, de los dos seres que alumbraron el paso de los Imperios y de los Reyes a las Revoluciones y la libertad, del súbdito o soldado al ciudadano moderno, donde hay una quimera, una ilusión que alcanzar, casi en la punta de los dedos, y que los dioses nos permiten por unos instantes… instantes deliciosos, la gloria y el esplendor de la totalidad, aunque sólo sea unos breves instantes.
Luego será el recordar, añorar, lamentar, tomar un café mirando hacia el horizonte…..viendo el ocaso de lo que pudo haber sido, una Gran Francia Europea, desde España y Portugal hasta Rusia incluida, una quimera y un amor, el amor a Francia, que era Josefina y su ejército. Para explicar esta historia sólo sirven los adjetivos….y la familia.

PREAMBULO

El ser es uno, el mundo múltiple. El ser, como un gran árbol, se divide en dos ramas o realidades bajo la cual este plano físico funciona: tesis-antítesis, hombre-mujer, día-noche energías opuestas y complementarias que realizando una tensión entre ellas permite que la vida se realice. Estas dos ramas son la misma energía pero con vibraciones distintas.
Uno de los logros de este siglo, es que conocemos dos mentes, o hemisferios, derecho e izquierdo.
El derecho (Josefina): Intuitivo, ilógico, irracional, poético, platónico, imaginativo, romántico, mítico, religioso, furtivo…

El izquierdo (Napoleón): Lógico, racional, matemático, aristótelico, científico y calculador.
Así como los dos hemisferios se completan y forman un ser, Napoleón y Josefina se complementaron y fueron un gran ser, aunque con cierta frecuencia más de dos, llevados por la vida del esplendor, éxtasis, gloria, engaños, sufrimientos, decepciones, una historia de amor donde no faltan celos, infidelidades, indiferencias y promesas de amor eterno, pero nunca dejaron de ser uno, de amarse hasta el último momento, aunque no siempre se amaron con la misma persona.

“Sólo Josefina habrá sido la compañera de mi vida, confía Napoleón a Campagny, si tuviera la desgracia de perderla me casaría con un vientre.”

NAPOLEON, EL HOMBRE

Napoleón un dios meridional, medía 1.69 mts, estatura normal para la época, aunque algunos lo han tildado de pequeño, mirada penetrante hasta el alma, no obstante era miope y se ayudaba de unas lentes, cabellos castaños oscuros, de contagiosa sonrisa, se humaniza.
El oficial de marina George Home dice: “El encanto de su boca nunca lo encontré en ningún otro ser humano”, todo daba una impresión de poder.
Todos los Bonaparte eran de letras. Salió de la escuela militar con nota mediocre 42 de 58.

Friolero incluso en verano, no soportaba los malos olores ni la luz de noche que le impidiera dormir, andares hacia adelante, de gran olfato no soportaba ningún olor salvo el agua de colonia que usaba con generosidad, excepcionalmente robusto, seductor por cálculo, falto de formas y educación, empírico y autodidacta. No usaba espuelas ni la presión de las pantorrillas solo de la fusta.

Usaba con profusión baños calientes y prolongados, uso moderado pero constante de café. El cerebro es uno de los más perfectos que han existido: la atención siempre despierta, remueve infatigablemente los hechos y las ideas; la memoria los registra y los clasifica; la imaginación juega libremente y, por una tensión permanente y secreta, inventa sin fatigarse los asuntos políticos y estratégicos que se manifiestan en iluminaciones repentinas.

Tímido, burócrata, grosero, genial, imprevisto, caritativo, astuto, escritor casi a diario de cartas de amor a su amada a veces rayano en lo ridículo y otras en lo obsceno e infantil, apasionado:
“Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador”, .. en otra carta: “ No he pasado un día sin amarte; no he pasado una noche sin estrecharte en mis brazos; no he tomado una taza de té sin maldecir la gloria y la ambición, que me tienen alejado del alma de mi vida”.

Si en algo creía Napoleón era en el destino. Siempre le obsesionó. El afirmaba que era gracias a su destino que había conocido a Josefina; de ahí que hiciera inscribir en su anillo de compromiso las siguientes palabras: “Al destino”.

Escritor de infinidad de documentos oficiales y boletines, lector ávido con rapidez profesional, conocedor de los hombres, jugó toda su vida a las alcahuetas y Celestinas por su ideal de la familia, de unir formas y puntos de vida, defendiendo siempre lo francés.
Una memoria sin igual, interés en leer, acumuló gran cantidad de conocimientos de forma desordenada. Sed de estar al corriente de todo, conoce a los hombres y sus bajezas. Con un poder magnético sobre las personas, generoso con los demás, avaro con su persona. De actividad inconcebible, gloria, triunfos, matanzas, jamás realzó los méritos de los enemigos, sino los suyos divinos.
De insultos sin cuenta: “Os prohíbo que tengáis relaciones con el señor Talleyrand, pues no es más que una mierda, os ensuciaría.”

Sensible a veces, se guiaba por tener el menor número posible de enemigos. Generoso, pero calculador. De apego, familiaridad, carácter abrupto, era un buen maestro. Más coqueto para su caballo que para sí mismo, su silla a la francesa era de terciopelo carmesí , con galones y franjas de granos y espigas de oro.

De ordinario conservaba el atuendo más simple, en la Prusia oriental un joven mensajero que nunca le había visto se dirigió al General Murat cuyos penachos, la planta marcial y terrible correspondían a la idea de un conquistador, cuando se debía dirigir a Napoleón con su vieja capa le indican que Murat no es Napoleón, sino el pensativo del rincón con una capa casi raída. El mensajero se sonroja, le da la carta, Napoleón levanta lentamente la mirada y sonríe al soldado cogiéndola ávidamente.
Su levitón desgastado era célebre, un día lo cambia y un granadero le dice: “Vaya, el camarada se ha puesto una buena capota a las espaldas.”

Sus hombres son su verdadera familia, nunca está tan a sus anchas como con ellos, puede pedirles todo, que se maten por Francia o por él, que es lo mismo, si se lo ordena. En caso de un peligro Napoleón ordena : matadme antes que dejarme prender en Oszmiana huyendo de Rusia con 100 lanceros polacos.

JOSEFINA, LA AMIGA ETERNA Y LA FASCINACION

“Mi esposo no me quiere, me adora, creo que enloquecerá”
Napoleón y Josefina se conocen a raíz de un hecho curioso: ante la prohibición de poseer armas, le fue quitada a Josefina la espada de su esposo fallecido, y su hijo va a reclamarla al General Bonaparte, que queda prendado de la hermosura de Josefina. Napoleón se enamoró locamente de ella a primera vista. Josefina era una mujer apasionada y sensual, además de promiscua, por lo que todo el mundo se rió de Napoleón al casarse con ella. Decían que Napoleón quiso pagar a Josefina su amor con el matrimonio, cuando todos los demás lo obtenían gratis.

Cuando Napoleón conoce a Josefina le escribe a su hermano José: “Necesito verla y apretarla contra mi corazón. La quiero hasta la locura y no puedo estar separado de ella. Si ella no me quiere no tendré nada que hacer en la tierra.”

Esta pareja fue polémica, ya que ella se quitó 5 años y él se añadió 1 al momento de la boda, pero no sólo fue eso, sino que firmaron un contrato matrimonial con separación de bienes, que al parecer resultó ser fantasioso, ya que Josefina poseía lo que llevaba puesto y Napoleón no tenía fortuna.
A pesar de su contrato matrimonial, él la colmó de bienes. Ella tenía 32 años, él 26.

La coronación no fue del agrado de la familia de Josefina. Su madre ni siquiera acudió al acto. Además, Josefina vivía con el constante temor de ser abandonada, pues no había podido darle un hijo. Por esta situación, la familia Bonaparte nunca aceptó a Josefina.

Al enterarse Napoleón de su muerte, se encerró durante días y comprendió que sólo el deseo de un heredero para Francia pudo separar su amor. Seis años más tarde él dejaría este mundo para acompañar a su eterna amada.

Un amor irracional, pasional, arrebatador, una adoración que a veces mezclaba con la queja abierta y con el reproche porque lo que Napoleón obtenía de Josefina era indiferencia.
Tal era la entrega de Napoleón. Josefina sacó todo el provecho de su matrimonio y Napoleón siguió enamorado de ella hasta la muerte.

NAPOLEON, EL CALCULADOR

“El matrimonio, no es siempre, como se viene suponiendo el final del amor.”
Tras un tiempo como amantes, la mente ordenada y calculadora de Napoleón comenzó a pensar en el matrimonio.
“En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.”
En todas sus ocupaciones Napoleón se guía por su gusto por las cifras, una enumeración que no esté apoyada en ellas, no es tal. Al prefecto de policía Pasquier, le tiene Napoleón la manía de preguntar cuántos barcos de vino hay en la orilla del río, cuántos sacos de trigo en el silo y siempre se le debía contestar un número exacto.

Los gastos de la casa revisados con detalle, tenía desconfianzas de contable, encontraba placer en sus revisiones metódicas que a veces iban a su favor, erróneamente calculadas. .. Y por los pequeños detalles, ¿Josefina se iba de viaje? ¿Cuántos coches, caballos hacen falta, el trazado de las paradas se ha hecho?, todo era calculado de antemano.

Su memoria prodigiosa. No hacía nada sin una última intención política. Realista, soñador, desconfiado y ahorrativo. Todo son cifras en este hombre de cifras. Es capaz de cuadrando un balance económico del coste de una guerra tener delante de él a 7.000 soldados esperando ante él, firmes, porque le descuadraba un céntimo, y cuando lo encuentra, con aire de victoria se lo echa en cara, por lo bajo a su oficial.
A Berthier le dice: “Ud. Se ha vuelto loco por una mujer que lo engaña y que se le lleva el dinero, estoy seguro de ello.”

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CASABONAPARTE

<>NAPOLEON INCANSABLE</>

Ordenes de la noche: entre la 1 y las 4 de la madrugada, eran con frecuencia numerosas y urgentes. Amaba el orden pero organizaba el desorden, por su rapidez de concepción e improvisaciones origen de victorias por la lentitud de sus adversarios, verificaba todo, e incluso se metía disfrazado en las líneas enemigas para comprobar in situ las fuerzas del enemigo. Precisión : “en cuanto se me pasa una idea por la cabeza en un cuarto de hora está dada la orden para su ejecución.”
La desgracia de Napoleón es no poder separar al hombre de estado y de guerra.
Sobre la moralidad no es exigente si son valientes.
Ante un robo de un soldado, Napoleón que le juzga, le pregunta que más has hecho en la batalla, a parte de robar unas vallas,
– Pregunta Napoleón, ¿conseguiste algo en la batalla?
– El soldado: he conseguido capturar una bandera del enemigo en esa batalla
– Pregunta Napoleón al oficial, ¿es eso cierto? Sí, Sire, contesta el oficial, pero aparte de ladrón, es borracho, mentiroso, vago, olgazán, mal compañero,….
– ¡Basta!, contesta Napoleón, la sangre lo lava todo.

NOSOTROS

Napoleón conoce a los hombres, los alaga o los lleva a látigo, no sólo conoce la palabra, también el gesto y la mirada, sobre todo los silencios en los que todos oían a Napoleón y algo inusual en un gran líder, el humor.
En Polonia visita a Rapp, herido por novena vez en el mismo brazo.
– ¡Y bien! Otra vez herido y siempre en el brazo “malo”.
– Rapp replica al Sire: No es extraño, siempre estoy en batallas.
– Napoleón: Acabaremos cuando tengamos ochenta años.
En otro batalla, en Wagram, mientras caía una lluvia torrencial,
– Napoléon sale de su tienda, , con una gran lluvia y le dice al soldado,
– – Amigo mío, ¡estrafalario tiempo!
– – Responde el granadero: es mejor que nada , señor.

Conoce que cada uno sueña con una felicidad doméstica. Todo es posible dentro “del nosotros”, el ejército, ya que ha sido justamente el ejército el que los ha separado del mundo familiar. Napoleón será el guía, el jefe, el líder, el padre de todos y cada uno de los miembros de su familia, de su ejército. Anima a los que dudan y ridiculiza a los miedosos, no pasa delante de ningún soldado sin dirigirle unas palabras…

Tiene el gusto por los gestos espectaculares, guarda las formas con su cohorte pretoriana, que llegará a contar con 60.000 hombres, el equivalente a 12 legiones romanas. Es piadoso con los heridos, raramente de los muertos, detestaba a los enfermos y cojos por creer que eran simuladores.
Tiene horror de aquello que pueda entristecer a la tropa, no quiere ningún luto.

Duro con los demás, también consigo mismo. Murieron 20 caballos en todas sus batallas. Creía que la fatiga beneficiaba al organismo fortaleciéndolo. Tiene intuiciones o iluminaciones repentinas que le dan la victoria. Horror visceral a los hombres de dinero de los que hablaba con desprecio.

 

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FINAL

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Josefina de Beauharnais (Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie, 23 de junio de 1763 – 29 de mayo de 1814)
Cuando Napoleón la conoce queda al momento fascinado, impresionado por su belleza y por conexiones sociales en la Corte, su intuición, conocedor de todos los asuntos y comentarios de la Corte, gran introductora a la misma de Napoleón.
Queda, él con 27 años, deslumbrado por Josefina con 33, ardiente, experta, ligera y coqueta, le reveló el amor voluptuoso, y sufre infidelidades de Josefina, así como estando fuera ella por parte de él.
Ya casados Napoleón declara: “Yo sólo gano batallas, Josefina gana corazones para mí.”
En el invierno de 1795, Napoleón reanudó sus visitas y se enamoró. Josefina no le amaba pero la atraía la fuerte personalidad de aquel joven, seis años menor que ella, y el estaba fascinado por su belleza.

Josefina le mandó este mensaje “Ya no viene a ver a una amiga que le profesa afecto; la ha abandonado por completo. Comete un error, porque ella siente por usted un tierno afecto. Venga a almorzar mañana. Deseo verlo y conversar con usted acerca de sus asuntos. Buenas noches, amigo mío, lo abrazo. La viuda Beauharnais.”

Más adelante, en una de sus salidas militares Napoleón le escribe:
“Espero que podrás acompañarme durante mi campaña en mi cuartel general para no irte jamás. ¿No eres a caso el alma de mi vida y el sentimiento de mi corazón?”.
Al otro día, el 22 de julio de 1796, insiste: “Dices que tu salud es buena; por lo tanto te suplico que vengas a Brescia.”

Josefina se retiró a Malmaison, donde falleció, al mes siguiente de la abdicación de Napoleón en 1814, a los 51 años , a causa de un catarro mal curado, el 29 mayo de 1814, mientras Napoleón se encontraba “exiliado” en Elba.

Desde Santa Helena Napoleón escribe su hermano: “Josefina es la única mujer a la que verdaderamente he amado. Ella reina en mi corazón y llevo luto por ella…”

El matrimonio era la institución suprema, más por política que por íntima convicción, la familia es el cimiento de la sociedad, de la sociedad de Napoleón criado entre una multitud de hermanos y hermanas con precarios medios económicos, con espíritu de clan, de tribu que cada vez se amplía más y más hasta convertirse en su ejército, en la misma Francia, en Europa. Manda el marido, la matrona, la celestina, manda él.

En política como en privado Napoleón tiene instintos de matrona, dice en Santa Elena: “sin duda, he hecho muchos matrimonios, y hubiera querido hacer miles”. Era uno de los medios de conciliar facciones irreconciliables, un medio, una herramienta para alcanzar y conseguir un bien superior, una gran familia, por ello no duda en unir matrimonios que atentan contra las costumbres y otras veces les fuerza a casarse.(Berthier casado a la fuerza con 54 años con Elisabeth de Babiera de 31 años.)
Eblè, ministro de la guerra de Westfalia de 51 años se casa con una muchacha de 18 años.
Dice Napoleón: “Yo nunca he amado de amor, quizás a Josefina , un poco, y porque era joven.” cuando la conocí.

Josefina con agudeza, sus intenciones se aunaban con las de su esposo para fusionar y unir una corte presentable .
Contrae un mal matrimonio y no podía adivinar que detrás de la mundana más hecha por la vida que inteligente, siempre sin un céntimo, se escondía una aviesa y seductora emperatriz. Josefina, dispendiadora y poco escrupulosa.
Engañado por ella, su dolor es real, aunque él mismo se ofrece consuelos. ”A los 29 años estoy cansado de todo..” dice Napoleón.

Durante todo el reinado en común un sólo tema y discusiones: gastos, deudas, mentiras, creadora de la pompa imperial. Cuatro años de poder consular, seis de reinado, catorce de gloria militar mientras que todo el mundo le llama Napoleón el Grande , ella le llama “gracioso”, que ella había procurado espabilarle ya que le había gustado para casarse.

Su despedida de Napoleón, “adiós, amigo mío, te doy las gracias con tanta ternura como con la que siempre te amaré, aconseja a tu pobre Josefina. Esto será una prueba de amistad Josefina ruega, pero en el fondo ordena. Al año siguiente de divorciarse de Josefina, el 13 de Julio de 1810 , hecho extraordinario de Napoleón viene a verla. En Septiembre de ese mismo año, con lágrimas y gritos María Luisa manifiesta sus celos por Josefina.

Josefina, sibilina e inteligente presintiendo que no traería herederos a Napoleón le insiste, suplica a Napoleón: “Te lo ruego Bonaparte, no te hagas rey, es ese villano de Lucien (hermano de Napoleón seis años menos que él) quien te empuja, no lo escuches.”
Viendo que no podrá ser la madre del futuro heredero, al menos será su abuela, huyendo del temido divorcio, con gran astucia intenta casar a su hija Hortense con Luis, tercer hermano de Napoleón.
La familia de Napoleón a Josefina le llamará “la vieja” y por despecho no irán a la boda. Napoleón por despecho hacia su familia la consagra y la corona con él. Francia la llama “la buena Josefina”.

MARIA LUISA

Amistad por María Luisa, un vientre, mucho más joven que Napoleón, amor de costumbres, sensual pero no apasionado. El tenía 23 años más que ella, 41 años, con sentido de paternidad de Estado pero sin amor, con curva de felicidad. Ella con 18 años. Para no perder la cara ante Rusia que le ha negado su duquesa de 14 años se casa para tener una descendencia y estar a bien con las casas reales de Europa.
María Luisa, muy instruida, hablaba francés, alemán, inglés, italiano, español, y conocía suficiente latín. En Viena para hacer algo aprende algo de griego. Tacaña a diferencia de Josefina y superviviente como ella. Exiliado Napoleón, su amor por él también se exilia, no pensando más en él y dedicándose María Luisa a nuevas conquistas que le aseguren su supervivencia y categoría social.

Cuando Napoleón muere, en 1821, dice María Luisa: “Le hubiera deseado muchos años más de felicidad y de vida , con tal que hubieran sido lejos de mí.”

Eso fue el amor de María Luisa por Napoleón, un amor por un trono, por una posesión, por un destello al lado de una estrella que caía a gran velocidad hacia los abismos infernales, pareciendo que le faltaban las fuerzas de su Josefina que lo mantenía, a pesar de sus infidelidades.

Película de Napoleón…..

Al final no es Júpiter atronador, sino un simple hombre que recuerda desde una lejana isla, sus errores, sus maravillosos aciertos, el sueño de una Europa unida en la gloria de Francia, lo que pudo haber sido una era y un continente donde nació la cuna de la cultura y por la envidia de los propios europeos conquistados no pudo ser, a pesar del amor que él los tuvo.

Artur García 1-5-2014