3 -Napoleón, el hombre. Capítulo 1

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“Después de todo, sólo soy un hombre.”                                                                                                                                                     (Santa Elena)

 Napoleón es conocido por su genio militar, pero hay otras facetas menos conocidas.

Se humaniza, tímido, 1.68 mts de altura, frágil, insolente, genial, psicólogo de sus compañeros de armas, de su familia, de sus amigos con un vistazo y en pocas palabras “definiría perfectamente una situación:  ” Dios está de parte del ejército que más cañones tiene ” ,

y en otras la eternizaba:  Crear una comisión, es la mejor forma de no llegar nunca a un acuerdo.

Modifica su presente (Cuando su padre muere, los médicos le indican que vaya a la enfermería a llorar: “No iré respondió, llorar es cosas de mujeres , pero un hombre debe saber sufrir. No he llegado a este momento sin haber pensado en la muerte, acostumbro a ella mi alma, como la vida.” )

…Y su realidad diaria. Miraba a los ojos, daba una palmada de ánimo, reprendía como sólo sabe hacerlo un padre, y era un amigo.

Grosero, devorado por los suyos, Celestina de sus generales para establecer acuerdos entre naciones,

…alcahueta  (A la princesa Augusta-Amelia de Babiera,estando embarazada  le confió secretos de matrona: “Cuidaos bien en vuestro actual estado, y poner cuidado en no tener una niña. Os diría la  receta para esto , pero no la creeríais, hay que beber todos los días un poco de vino puro.”  …Al final fue una niña…. y será una niña.

Sus manías (viajó a Rusia con su biblioteca particular). No soportaba ningún olor,salvo el agua de colonia, dientes blancos deslumbrantes, sonrisa cautivadora y atrayente (solían decir sus damas que ante ese encanto no podían resistirse). Napoleón solía decir: “Cuando tengo necesidad de alguien, no tengo contemplaciones , le besaría  el….”

Estructura robusta incluso en la adversidad: “En raras ocasiones he visto un hombre de más vigorosa estructura o mejor preparado para hacer frente a la fatiga”, decía un inglés en 1.815.

Reputado de indecente porque no tenía  ningún pudor en desvestirse y proceder a su aseo e incluso salir completamente desnudo ante su ejército en la isla de Lobau.

Gran autodidacta, una memoria sin igual permitieron al joven general de artillería acumular una desordenada información y conocimientos de tal diversidad, que asombraba a los especialistas  en derecho,ciencia e incluso literatura.

Estratega, propagandista, gran conocedor del espíritu humano y de las grandes masas , gestor de emociones y sentimiento de amor, hasta la muerte y odios.

Detallista inmenso, daba a los pequeños detalles una gran importancia. Contable meticuloso, incluso cómico, podía tener a un ejército detenido por la diferencia de unos céntimos.

Napoleón  se  divertía en jugar con el interior de los hombres y un día delante de María Luisa tuvo la idea de hacerle a ella una tortilla, se ató el delantal, pero al darle la vuelta se le cayó al suelo. Su experiencia gastronómica se detuvo en ese instante.

“Soy un animal de costumbres.”

Para su seguridad en la vida pública se ponía  a disposición de la policía. Esta temiendo un intento de asesinato le dijo que la desconvocara. En absoluto, respondió Bonaparte:. Vuestra tarea es protegerme, la mía pasar mañana revista.

No obstante era miope y se ayudaba de unas lentes,  cabellos castaños oscuros, de contagiosa sonrisa, se humaniza.

El oficial de marina George Home dice: “El encanto de su boca nunca lo encontré en ningún otro ser humano”, todo daba una impresión  de poder.

Todos los Bonaparte eran de letras. Salió de la escuela militar con nota mediocre 42 de 58.  Friolero incluso en verano,  no soportaba los malos olores ni la luz de noche que le impidiera dormir, andares hacia adelante, de gran olfato no soportaba ningún olor salvo el agua de colonia que usaba con generosidad, excepcionalmente robusto, seductor por cálculo, falto de formas y educación, empírico y autodidacta. No usaba espuelas ni la presión de las pantorrillas solo de la fusta.

Usaba con profusión baños calientes y prolongados,  uso moderado pero constante de café. El cerebro es uno de los más perfectos que han existido: la atención siempre despierta, remueve infatigablemente los hechos y las ideas; la memoria los registra y los clasifica; la imaginación juega libremente y, por una tensión permanente y secreta, inventa sin fatigarse los asuntos políticos y estratégicos que se manifiestan en iluminaciones repentinas.

Tímido, burócrata, grosero, genial, imprevisto, caritativo, astuto, escritor casi a diario de cartas de amor a su amada a veces rayano en lo ridículo y otras en lo obsceno e infantil, apasionado:

“Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador”, .. en otra carta:  “ No he pasado un día sin amarte; no he pasado una noche sin estrecharte en mis brazos; no he tomado una taza de té sin maldecir la gloria y la ambición, que me tienen alejado del alma de mi vida”.

Si en algo creía Napoleón era en el destino. Siempre le obsesionó. El afirmaba que era gracias a su destino que había conocido a Josefina; de ahí que hiciera inscribir en su anillo de compromiso las siguientes palabras: “Al destino”.

Escritor de infinidad de documentos oficiales y boletines, lector ávido con rapidez profesional, conocedor de los hombres, jugó toda su vida  a las alcahuetas y Celestinas por su ideal de la familia, de unir formas y puntos de vida, defendiendo siempre lo francés.

Una memoria sin igual, interés  en leer, acumuló gran cantidad de conocimientos de forma desordenada. Sed de estar al corriente de todo, conoce a los hombres y sus bajezas. Con un poder magnético sobre las personas, generoso con los demás, avaro con su persona. De actividad inconcebible, gloria, triunfos, matanzas, jamás realzó los méritos de los enemigos, sino los suyos divinos.

De insultos sin cuenta: “Os prohíbo que tengáis relaciones con el señor Talleyrand, pues no es más que una mierda, os ensuciaría.”

Sensible a veces, se guiaba por tener el menor número posible de enemigos. Generoso, pero calculador. De apego, familiaridad, carácter abrupto, era un buen maestro. Más coqueto para su caballo que para sí mismo, su silla a la francesa era de terciopelo carmesí , con galones y franjas de granos y espigas de oro.

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De ordinario conservaba el atuendo más simple,  en la Prusia oriental un joven  mensajero  que nunca le había visto se dirigió al General  Murat cuyos penachos, la planta marcial y terrible correspondían a la idea de un conquistador, cuando se debía dirigir a Napoleón con su vieja capa le indican que Murat no es Napoleón, sino el pensativo del rincón con una capa casi raída.  El mensajero se sonroja,  le da la carta, Napoleón levanta lentamente la mirada y sonríe al soldado cogiéndola ávidamente.

Su levitón desgastado era célebre, un día lo cambia y un granadero le dice:  “Vaya, el camarada se ha puesto una buena capota a las espaldas.”

Sus hombres son su verdadera familia, nunca está tan a sus anchas como con ellos, puede pedirles todo, que se maten por Francia o por él, que es lo mismo, si  se lo ordena. En caso de un peligro Napoleón ordena : “matadme antes que dejarme prender en Oszmiana huyendo de Rusia con 100 lanceros polacos.”

Genio, admirado, odiado por muchos, amado por pocos sobre todo en los momentos de destierro, hubo algo común: admiración ante un ser distinto, que intentó como el genial Alejandro  Magno, Los Templarios… unificar una Europa dividida y parcelada, cuando unida en sus territorios, ciudadanos, democracia, ciencia y tecnología era y sería bajo su mandato, la estrella rutilante de la gran nación francesa.

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No obstante el genio, en la misma  dualidad, aparecía una maquinaria cuasi perfecta de destrucción dando igual que fueran mujeres, hombres o niños ya que el deber, la superioridad moral, y pareja militar y tecnológica, no le importaba arrasar una ciudad hasta demoler sus cimientos y aniquilar todo rastro de vida sin piedad alguna.  Foto de la muralla de Valencia restante en la actualidad, donde en las calles anexas “hubieron ríos de sangre hasta los tobillos de los valencianos defensores de su ciudad y su vida por no rendirse a las tropas extranjeras invasoras”.

Todo gran sol tiene inmensas sombras, lo único que no perece, para bien o mal, es su recuerdo y la tragedia de parte de Europa,  estando casi cerca de que todos hablásemos francés y quizás, quizás,  haber evitado las dos grandes guerras mundiales….quizás.

 

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