17 – Una caja de zapatos…

 

Caja de botones

Caja de botones

 Una caja de zapatos…

 “El amor no pide, ni exige ni espera nada, simplemente que pases cerca de él,  para alegrarse por tu existencia”

 

  •                  Un día estaba yo mirando unas pocas cosas que habían quedado después del fallecimiento de mi madre y encontré una caja de cartón, llena de botones,  muy  bien ordenados, por tamaños, colores…, debía ser importante para mi madre.
  • Como no soy sentimental me pareció cómico y algo propio de viejos, algo de que la cabeza se le vaya a un anciano, de un entretenimiento absurdo y apunto estuve de tirarla.
  • Pero,  vi algo conocido, algo que mi mente rápidamente encontró en la profundidad del pasado, algo con un recuerdo cálido, tibio, con un perfume vívido  y apareció un botón de mi primera comunión, que el borde se había roto ligeramente  y recuerdo como si fuera hoy, que mi madre me lo cambió apresuradamente, ya que hacíamos tarde para ir a la iglesia.
  • Me sorprendió los recuerdos que entonces viniesen en oleadas, como llamados por un resorte misterioso y divino,   asociados al hecho, de alegría, besos, la familia.   No obstante, saqué el botón instintivamente e hice un gesto para tirar la caja a la basura…
  • Un botón, en ese sutil instante,  destelló, como si fuese una rutilante estrella en la noche…Era un botón, el de mi primer chaleco, de mi primer trabajo, ya que recuerdo que había un ojal,   pero faltaba el  botón.   Lo estuve buscando por toda la casa pero no lo encontré…
  • …mi madre me dijo:   “no te preocupes, pondremos uno parecido que tengo y no se notará, luego compraré uno igual…”    Momentos de alegría,…mi madre me sonrió al llegar con mi primer sueldo y me dijo…-    “déjame el chaleco, recuerdo que debía cambiar un botón…”
  • Miré sorprendido como quien mira un amplio jardín de flores…y vi un botón de la bata que yo cosí a mi madre estando ella en el hospital  y se le cayó.
  • Lo traje del hospital y con la agitación del momento lo guardé en un lugar cualquiera que  ya no recordaba, era su caja de botones.
  • Velé, rezando cada instante,  por la recuperación de mi madre, escuchaba sus relatos, cuando mejoraba levemente,  sus primos, su hermano, el pueblo, su familia, cuando era pequeña, sus padres, sus hermanas, veía el movimiento de sus manos recordando esos hechos y a la vez, yo un poco divertido, como de vez en cuando movía ligeramente  los pies estando echada en la cama del hospital, la ventana estaba abierta, era Julio…
  • Hasta que un día comprendí que las esperanzas que albergaba se iban lentamente, inexorablemente, como la lluvia fina que empapa el valle, supe que la despedida estaba cercana y me entristecí profundamente por ella y por mi, por un “nosotros” habitual en ella. que pasaría a ser un “yo”, un yo triste y pesado, casi sin fuerzas por el inmenso trabajo por mi realizado.

Saqué sorprendido más botones….y cada uno me trajo un perfume, un recuerdo de momentos mágicos y sorprendentes, gloriosos como decía ella, que “me”, “nos” ocurrieron, desilusiones pasadas, momentos amargos, mi primera cita…abrazos y celebraciones,…. !tantos  y  tantos recuerdos!.   Lloré.

Lloré y reviví cada instante pasado como si desfilasen delante de mí, como si  una vida entera pasara saludándome y mirándome trayendo regalos,  ilusiones y esperanzas nuevas.    

 Unos sueños metidos,  amorosamente,  en una simple caja de zapatos. Una vida.

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