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Santiago Ramón y Cajal: Un  premio Nobel español   1 de 2

Santiago Ramón y Cajal- INSTITUTO CAJAL-CSIC

Santiago Ramón y Cajal-INSTITUTO CAJAL-CSIC

Día 26/10/2014 – 14.43h

Utilizó la hipnosis con su mujer, recibió una regañina por comprarse un telescopio carísimo, firmaba como doctor Bacteria algunos escritos de divulgación y… defendía a ultranza que todos somos iguales en derechos y obligaciones, no existiendo privilegios para nadie, un adelantado para su época, un premio Nobel.

  • Cajal, para disgusto de su padre, quería dedicarse a la pintura. Su afición le fue muy útil en su carrera científica.
  •    Como cualquier niño prodigio, o con altas capacidades, Einstein y él  tuvieron sus “problemillas” en la escuela. Ambos genios causaron en su infancia no pocos quebraderos de cabeza a sus respectivos padres por su poca afición a los estudios o por su no adecuación a los métodos de memorización de loros de la época y una disciplina rayana a veces en lo absurdo.
  • “En la biografía de Cajal aparece el niño travieso que contempla la vida continuamente, que vive en la España rural profunda, donde llegan mal las comunicaciones. Vive en el campo y estudia los animales que le rodean. Su padre quiere que estudie y sea un hombre de bien, pero él está por otras cosas”, explica Javier Sanz Serrulla,  profesor de Historia de la medicina en la Universidad Complutense. 

Esas otras cosas que captaban su atención eran casi todo lo que le rodeaba, excepto los libros. Como “la caída de un rayo en la iglesia del pueblo, que le sobrecoge. Y quiere ver de dónde ha venido esa fuerza, cómo se genera y por qué produce esa destrucción. Son preguntas que quizá no se hacen los demás niños”, explica Sanz. Una atención que, para disgusto de su padre, no se mantenía mucho en los libros.

  • Cuando tenía diez años, su padre, harto de lo poco que se aplicaba en los estudios, le manda interno, primero a Jaca y luego a Huesca. Pero sus continuas travesuras provocaron la interrupción del bachillerato en varias ocasiones. Como castigo, le obliga a trabajar como aprendiz de barbero y también como zapatero. Ésta última ocupación, recordaría después Ramón y Cajal, le sirvió para adquirir una destreza manual que le fue muy útil en el laboratorio.

Finalmente, a los 16 años, con el bachillerato aún sin acabar, empieza a estudiar anatomía con su padre, que era médico. Allí el joven Cajal pudo «ver y tocar» lo que estudiaba y también sacarle partido al dibujo, afición que tanto disgustaba a su progenitor, por considerarla una pérdida de tiempo. Sin embargo, ahora le servía para reproducir en el papel lo que veía en el laboratorio. Así, a través del dibujo, se interesó por la Medicina, y con 21 años obtuvo el título.   <continuará…>