40 – Doña Pilar, la no médico…

 

Médico en prácticas...

Médico en prácticas…

              Doña Pilar, la no médico…

“No hay mejor medicina que  una palabra de aprecio oportuno.  Freud.”

Cuento real,  (con alguna modificación),  ocurrido  en los años 80 en un pequeño pueblo de la Mancha, entre montañas.

     El pueblo era pequeño en realidad, menos de 150 habitantes. Campesinos cultivando sus campos, ganaderos  con vacas, ovejas, gallinas y conejos. En el pueblo siempre el médico había sido rotatorio, es decir, de estancia anual,  porque realmente en los meses de invierno hacía un frío temible, menos 15 grados bajo cero  unos meses,  el médico tenía un contrato de  un año.. Al año,  del ministerio de la capital mandaban otro y así cada año. 

Pero, un día, los principales del pueblo, es decir, el farmacéutico, el alcalde y el sargento de la Guardia Civil, jugando al dominó, en su tiempo libre por supuesto, pensaron en poner un médico fijo.

– En las capitales y pueblos importantes así es. Al pueblo le daría prestigio y seguro vendrían más habitantes, dijo el farmacéutico.

– Alcalde, dijo el farmacéutico, ¿por qué no escribe una carta a la capital?

– Sí, decidido contestó, lo haré esta noche.

Y así llegaron al pueblo don Antonio, el médico,  y “doña”  Pilar su mujer que no era médico ni nada parecido.  El pueblo les limpió la casa y les explicaron, a los dos,  que los gastos de agua, luz y butano, los pagaban entre todos los vecinos.  Asimismo les indicaron que su horario era 24 horas, 365 días al año, ya que de vez en cuando les daba “una tos” o “un parto”, eso sí, pocos, ya que entre todos no superaban los 150 habitantes. Y que más adelante cuando viniese más gente y fueran dos médicos se repartirían mejor las horas entre ellos. Una vez instalados.

Don Antonio empezó a recibir vecinos, que les dolía la espalda, estaban  resfriados, etc y como era hombre de pocas palabras y de mucho escuchar, es así como veía algunos síntomas de los vecinos, aparte que le encantaba los chismes, ya que aparte de la radio y un baile en Agosto el pueblo no tenía mejor diversión.

A todo esto, “doña Pilar”, siempre el pueblo escuchó este nombre y siempre don Antonio se refería a ella con el mismo, siempre estaba atenta a las conversaciones, ya que era la ayudante de su marido, o “enfermera a ratos tontos” en las horas de consulta.

Pasado un corto tiempo “doña”  Pilar,  de edad incierta pero guapa, y sobre todo con un hablar calmado y lento era conocida por todo el pueblo. Su mejor mérito era escuchar, parecía que el reloj del Universo se parase cuando ella escuchaba y miraba siempre a los ojos.  Luego empezaba a hablar, y la gente siempre callaba y asentía sonriendo, según el tema que tocara. El pueblo estaba feliz.

Un día el doctor estuvo fuera, había ido a la capital a enviar a su hermano que estaba en París, una carta certificada y de paso poner una conferencia a un familiar que estaba en Zaragoza y se había casado.

– Vendré tarde de noche, dijo…….

Pasó bastante rato de la despedida de don Antonio y en esto, llamaron a la puerta…

_ ¡Ayuda,! ¡ayuda!, ….se escucharon unos fuertes golpes en la puerta.

Doña Pilar abrió. Era una joven embarazada acompañada por sus padres y todos sus hermanos, doce, y algunos vecinos, en total más de veinte personas.

– ¡ Ayudenos! Llame al doctor por favor que venga…..

– No se preocupen , el doctor pronto volverá……pero   doña Pilar,  que ya había  asistido al parto de varias  de sus hermanas en su  pueblo y ayudado a la comadrona ya sabía el proceso, de otra parte natural,  pensó que si esperaban a don Antonio, él no llegaría a tiempo y pensó que lo mejor era seguir el proceso de la madre naturaleza. El parto fue bien, hirvió todas las toallas, y cogieron dos mantas más para usarlas y envolverles.  Calentaron la habitación y nació un precioso niño. Doña Pilar le cogió de los pies, como si fuera un conejo, lo volteó y le dio tres sonoros golpes en un culillo pequeño….el niño abrió los ojos de su largo sueño y … empezó a llorar y gritar….

– Gracias “doctora”,  muchas gracias, todo ha ido super perfecto,  ¡cómo se nota que es una gran médico junto con don Antonio.!

Pasaron los días, y he aquí que don Antonio empezó a tener fiebre y al final apareció en la cama por varios días.

– Llamaban a la  puerta y doña Pilar atendía en la consulta a los pacientes, no había otro sitio, ya que la zona del médico era una gran habitación y el resto de la casa eran estancias para guardar herramientas y objetos del campo.

-Pase, por favor, cuénteme lo que le pasa, a ver qué podemos hacer, decía doña Pilar.

Y así, durante unas semanas doña Pilar, “la médico doña Pilar”, empezó a recetar aspirinas, cataplasmas, alcohol para las heridas, incluso antibióticos,… algunas las curaba ella con gasas limpias y el pueblo estaba  agradecido desde el feliz parto del niño, y mientras don Antonio se recuperaba la “médico oficial” era ella.

Ya recuperado don Antonio, se alegró de continuar con sus visitas y la primera visita que llegó dijo…

– ¡Oh, no doctor!, yo prefiero a doña Pilar,  ¿no le sabrá mal, no?…

Don Antonio no salía de su asombro, y le preguntó a doña Pilar.

– Pero bueno Pilar, ¡que has estado recetando estos días, por favor! ¡Esto no es así, nos pueden denunciar!.

Doña Pilar le explicó que muchas veces escuchaba y recetaba unas aspirinas, o cataplasmas, ya que él estaba en cama y alguien lo tendría que hacer, o bien unas infusiones de manzanilla para curar los ojos….. y Don Antonio suspiró tranquilo,

– ¡Oh! menos mal…….

– Pero un día vino el inspector médico, una vez al año venía, y llamó a la casa del médico.

– ¡Buenos días!….. pero doña Pilar ese día tenía prisa y como no le conocía le dijo, pase a la sala y me lo cuenta, por favor.

– Al inspector médico le sorprendió, pero entendió que era la “ayudante” del médico……..y se sentó. Se intentó presentar correctamente, pero doña Pilar, era muy “doña Pilar”, le interrumpió….

– Es un placer conocerle, dijo doña Pilar, y como no le conozco, otro día hablaremos más largo y tendido,  ahora  cuénteme lo que le pasa que le receto, tengo que acabar un recado.

– El inspector  se levantó en cólera, como un muelle disparado, llamó a don Antonio y la conversación acabó en que al día siguiente iría a la capital a denunciarle, porque su mujer no era médico y recetaba.

Esa noche, de un frío como no se recordaba hacía muchos años, el inspector estuvo despierto, insomne por el frío ,  avivando el fuego y no pegó ojo, ya que a pesar de llevar 3 jerseys, dos mantas temblaba y empezaba a tener frío………se puso a 39 y medio de fiebre y a la mañana siguiente llamó a la casa del médico.

– Doña Pilar, le dijo el inspector, me gustaría ver  al doctor, me encuentro muy mal.

Don Antonio le recetó un jarabe, un antibiótico y le dijo que se lo pondría en inyecciones cada ocho horas. Le puso la primera de penicilina.

En esa situación el médico  don Antonio, se marchó a visitar a otros pacientes del pueblo y el inspector se quedó a solas con Doña Pilar.

– Doña Pilar le miró, como se mira a un niño pequeño y el inspector, pasado un rato,  le dijo,

– ¿Le importa que le cuente lo que me ocurre en el trabajo, doña Pilar, es para hablar con alguien?

– Doña Pilar, le contestó :  no le importará que me ponga en la silla detrás de Ud, como hacía Freud con sus pacientes, aunque no sea médico,  y me lo cuenta, ¿le parece?

   La entonación, el sonido, la dulzura que a pesar de todo tenía doña Pilar, animó al inspector y le contó, tumbado en el sofá, que a ese menester tenía Don Antonio,  que sufría una gran presión en el trabajo, sus jefes le apresuraban, no le daban medios y el sueldo era escaso……con todo eso, su mujer le había dejado por su mejor amigo y se puso a llorar….

Todo esto en el transcurso de tres largas horas donde el inspector hablaba, se preguntaba y contestaba él solo, y de vez en cuando doña Pilar cuando  no escuchaba nada,  decía:   ..siga por favor……

  Doña Pilar, aparte de escucharle, como quien escucha al viento ulular o la lluvia revolotear entre los cristales, no entendió nada, y no prestó la mínima atención a toda la basura que narraba el inspector, al fin y al cabo les iba a denunciar. Ese día, durante la confesión del inspector, y detrás de él, hizo un jersey, unos peucos para el niño recién nacido y un gorro de cabeza para su marido, hacía tanto frío en invierno… en ese tiempo le dio para hacer todo eso. 

El inspector, ya más tranquilo,  fue finalizando su relato y después  de hacer un amplio resumen de su vida laboral, matrimonial, etc le dijo a doña Pilar:  “no  es ud. médico, pero es una persona maravillosa, que me escucha, me aconseja y me encuentro muy bien, gracias.”

-Doña Pilar sorprendida  no dijo ni pío, el inspector la saludó efusivamente y se fue dándole una vez más las gracias.

– Al día siguiente le llegó a don Antonio, por el cartero  del pueblo, una gran cesta con dos jamones, tres botellas de coñac, tres quesos de diferentes texturas y multitud de latas de todo tipo.

– ¿Pero esto de quién  es, dijo  doña Pilar?  Mirando entre las viandas encontró una nota, <a ver que dice dijo intrigada doña Pilar.>

–  Querido don Antonio y doña Pilar, me encuentro muy bien, es la primera vez que puedo dormir ocho horas sin tener pesadillas y me he levantado, tomado un café y la vida para mí ha cambiado desde que su mujer escuchándome y hablándome me curó. No voy a denunciarles, pero ruego corrijan esa situación, Suyo afectuosamente………Post data, hablaré bien de uds, a mis superiores, la firma y ya está.

– Al cabo de unas semanas llegó una carta, traída por el  Guardia Civil del pueblo.

– Aquí tiene don Antonio, es de la capital, parece importante.

– Lee Pilar, yo no me atrevo, dijo comenzando a sudar y temiéndose lo peor don Antonio…

Doña Pilar, como si hubiera sabido lo que ponía la carta, de un sólo folio, sin la menor alteración leyó  de un tirón con mano firme.

–  Soy el ministro de Sanidad, el inspector que pasó a visitarles nos ha hablado muy bien  de uds, de los dos. Les otorgo dos plazas  de  médicos en el Hospital de la capital.  Díganme cuando llegan, les esperamos. Mandamos a otro médico al pueblo para que les sustituyan. Quedo de uds.,   doctora Pilar y doctor Antonio, a sus pies.

-Don Antonio comenzó a balbucear, temblándole las manos…..

– Pilar que se piensan que eres médico, que el  inspector no ha dicho nada y…¿ ahora qué hacemos…….?

– Contestó con firmeza  doña  Pilar, bueno, ¿siempre me has dicho que los psicólogos no recetan nunca, sólo escuchan y hablan, no?

– ¿Entonces?, preguntó Doña Pilar….

– Llegó el día, subieron al autobús y el conductor, dijo, ¡nos vamos!, con voz firme.

– Empezó el autobús a ponerse en marcha y doña Pilar  mirando por la ventanilla dijo:    espero que tengamos mejores pacientes en la capital.

–  Don Antonio sudaba…

  Otras publicaciones: http://wp.me/p45wXq-cO