73- Zygmunt Bauman… Liquidez

Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman

Sociedad, relaciones liquidas o fugaces y transitorias …

Líquido….   Ese es el nombre que tiene nuestro momento, nuestra manera actual de hacer, de pensar, de pensarnos, de relacionarnos con los demás y con las cosas que nosotros mismos hacemos y somos; la forma en que nos vamos construyendo como sociedad y moldeando como individuos.

En una entrevista realizada por la emisora holandesa Radio Nederland, Bauman nos da su definición:

“Substancias liquidas son aquellas que tienen dificultad para guardar la forma, requieren mucha presión, mucha fuerza para mantenerlas compactas como murallas de concreto, de lo contrario cambiarían su forma bajo fuerzas muy disimiles. Esto es lo que está pasando con sistemas que supuestamente estaban establecidos muy firmemente, me refiero a estructuras institucionales que originalmente se encontraban especialmente arraigadas en el sistema  y con el paso  del tiempo resultaron ser muy fugaces, transitorias”.

Por eso se llama La modernidad liquida, es como si todo estuviera patas arriba comparado con la situación de hace 150 o 200 años, en el tiempo de la modernidad sólida, cuando todo parecía más duradero, más perdurable, mucho más sólido. Ahora, gente de 30 o 40 años no tiene ni idea de qué va a pasar con ella cuando tengan 60 o 70 años, la planificación del futuro desafía nuestros hábitos y costumbres, las capacidades que aprendimos para superar los escollos del camino. Por eso la impresión general, día tras día, permanentemente, es que estamos en una encrucijada, hay muchos caminos hacia diferentes direcciones y no sabemos muy bien qué senderos transitamos”

La modernidad líquida está siempre en construcción porque lo que produce no dura más allá de un período corto o una moda. Así como la antigua modernidad se representa en la solidez de los altos rascacielos y los capitales fijos de los pozos de petróleo, nuestra época se caracteriza por las innovaciones constantes de Microsoft y de toda la industria del entretenimiento y de la comunicación, en la cual los aparatos son permanentemente superados por tecnologías más novedosas, y por ello, desechados los anteriores. Esto produce que no sea necesario que lo que se fabrica sea duradero porque el avance de ‘las novedades’ hace con que las cosas resulten obsoletas incluso antes de dejar de funcionar.

Este movimiento desenfrenado hacia alguna parte tiene como resultado la insaciabilidad porque las metas que se propone la gente ya tampoco son fijas, hay una ansiedad que impulsa permanentemente hacia adelante, pero no hacia un lugar determinado.

En la actualidad no se necesitan  pesadas estructuras,  el capital viaja liviano, con equipaje de mano, un simple portafolio, un teléfono celular y una computadora portátil.

Puede hacer escala en cualquier parte y en ninguna se demora más de lo necesario. El trabajo, por otro lado sigue tan inmovilizado como en el pasado… pero el lugar al que antes estaba fijado ha perdido solidez; buscando en vano un fondo firme, las anclas caen todo el tiempo sobre la arena que no las retiene…

La era del capitalismo pesado

En esta ausencia de certezas acerca de los fines, de estructuras seguras que rijan la vida de las personas y que les permitan proyectarse de forma lineal hasta el final de sus días, surge una cantidad inmensa de posibilidades del  ‘qué hacer’.  Es tanta la oferta que tenemos de oportunidades que supera ampliamente las que cualquiera pudiera realizar en una vida. Entonces estas oportunidades son aprovechadas, todas las posibles, de forma compulsiva, sacándole el jugo a una y a otra  desordenadamente, sin apegarse a ninguna más de lo indispensable.  Esto provoca una sensación de libertad de elección placentera, pero también un estado de ansiedad constante porque los estímulos son inagotables,  pero no así nuestras fuerzas. Cada vez que se logra algo, se descubre que hay una enorme variedad de opciones que no se han experimentado todavía, entonces lo que sucede, lo que viene después, es la frustración.

En un sentido podemos pensar que es la libertad la que ha salido victoriosa  y ha cortado las cadenas de las viejas estructuras decadentes de las normas establecidas por arcaicos preceptos, porque   ¿qué joven de hoy en día piensa seriamente en conseguir un empleo a los 20 años y permanecer en él hasta el momento de jubilarse? El cine, la televisión y la publicidad nos  atomizan permanentemente de dobles mensajes, por un lado seduce la falta de límites, la velocidad, el aquí y ahora; y por el otro, la necesidad de seguridad.

Bauman en otra entrevista llamada Sobre  “os laços humanos, redes sociais, liberdade e segurança” , se refiere a la relación conflictiva entre libertad y seguridad que hasta ahora parecen ser elementos históricamente irreconciliables porque el crecer de una implica, indefectiblemente, el decrecer de la otra.  Y se explaya sobre esto en su libro La Modernidad Líquida: “La sociedad posmoderna considera a sus miembros principalmente en calidad de consumidores, no de productores. Esa diferencia es esencial.

“(…) la vida organizada en torno al consumo debe arreglárselas sin normas: está guiada por la seducción, por la aparición de deseos cada vez mayores y por los volátiles anhelos, y no por reglas normativas

La vida del consumo -además de objetos- lo que busca es consolidar identidades. “En un mundo en el que las cosas son deliberadamente inestables son la materia prima para la construcción de identidades  necesariamente inestables, hay que estar en alerta constante; pero sobretodo hay que proteger la propia flexibilidad y la velocidad de readaptación para seguir las cambiantes pautas del mundo de ‘afuera’”

La visión de una sociedad cada vez más cambiante y fluida, donde el trabajo como fuente de seguridad está casi invalidado y en la cual el consumo compulsivo es ya considerado casi una necesidad básica, nos muestra por lo menos, un cuadro complicado. Si sumamos a esto que la mayor parte de las compras son realizadas a plazo, es decir, a pagar en el futuro, en un futuro que no está para nada garantizado por los medios tradicionales como el empleo, lo que tenemos es una falta de bases bastante profunda y una inseguridad de métodos constantemente latente. Las estrategias para sobrevivir y disfrutar de la vida son cada vez más eficientes pero también más individuales.

… fruto de la globalización,  se ha  desmoronado la idea del Estado-Nación fuerte capaz de contener y asegurar a sus habitantes un futuro más o menos previsible.Actualmente el poder está ubicado en lo que podríamos llamar país de nadie. No hay reglas, no hay leyes globales, tribunales globales, un parlamento global; ninguna representación de la voluntad del conjunto de los seres humanos. No hay instituciones globales democráticas, nada. Así que ya este poder del Estado Nacional se ha evaporado en el   espacio del Estado Global, aunque hasta ahora sea el único ente político que conocemos”

Somos individuos de jure, somos individuos por decreto. Funciones asumidas hasta hace poco por los estados que eran poderosos, ahora son traspasadas a individuos que tienen que encontrar soluciones a problemas que ellos no han causado.”

Hasta ahora la globalización ha sido solamente negativa. ¿Cuáles son las fuerzas que globalizan? El capital, las finanzas, el comercio, la información, la criminalidad, las mafias, el narcotráfico, el tráfico de armas… Todas estas fuerzas que minaron las instituciones colectivas de acción.

“(…) Esta globalización negativa  no  ha sido seguida por una globalización positiva.

“(…) ¿Cómo restablecer el equilibrio entre política y poder? porque ahora la política es local y el poder, global”.

…  Bauman reflexiona sobre la construcción de ese tipo de espectáculo, Gran Hermano,  y explica que no es más que el reflejo del tipo de sociedades en las cuales vivimos, muestran el modo de pensar y de actuar del ser humano promedio en Occidente  todo el que sea débil tiene que ser excluido. No es que toda persona débil fracase pero es una ley de la existencia, la regla de la casa, la persona tiene que irse. No se concibe organizar otro tipo de show televisivo con otra realidad donde no haya ninguna necesidad de excluir una persona cada semana, no forma parte de la agenda.  

“Simplemente no se discute el principio de la exclusión. Lo único que queda es asegurarte que no eres tú el excluido por otra persona. Hay que excluir a los otros para permanecer.

“La segunda lección del Gran Hermano y otros espectáculos similares es que unir fuerza (…) es temporalmente útil, sencillamente es un instrumento para no ser una víctima. Pero cuando ya quedan pocos se olvidan los equipos, la lealtad, la solidaridad (…). Finalmente habrá una sola persona que prevalezca, todas las demás serán víctimas.

“Así que Gran Hermano fortalece esta idea de que la exclusión es inevitable, así están organizadas las cosas, no hay lugar para todos. Todo el mundo vive con ese peligro, lejano o próximo, de ser excluido”

La táctica para sobrevivir que ha elegido esta modernidad ha sido el individualismo a ultranza, intensificar las maneras de disfrutar el presente sin preocuparse demasiado por cómo o quién pagará las cuentas.

Es decir que cada uno es por si, no hay refugio para los débiles ni misericordia…  A los que no logren seguir en pie, tampoco se les dará un bastón en qué apoyarse, eso es la liquidez o temporalidad  ansiosa… el nuevo paradigma.

Por Marina Klein el 10 Enero, 2014 @Marina_Kle