99- El abogado, la rosa y el girasol -cuento-

                                     

“Vivir en los corazones que dejamos tras nosotros, eso no es morir.”   Thomas Campbell.

Gorge, era un acaudalado ejecutivo, que después de sus estudios, entró a trabajar en una  Multinacional  Americana de gran prestigio, como abogado, su sueño de toda la vida.

  Sus ingresos mensuales y su estatus de vida era el que  siempre había deseado.   Había tenido varias aventuras románticas, pero pensaba estar de lleno en su profesión, a cualquier precio, de hecho o “estás o no estás”, decía.

 Por lo que no frecuentaba demasiado los círculos sociales, ni mucho menos la gente de ese barrio que no le gustaba realmente.

En frente de su mansión, había una casa antigua de tres pisos, entre dos rascacielos de 60 plantas.

Tenía un pequeño jardín y lo habitaba un hombre de una edad indefinida, entre 60 y 70 años.

Tenía  un rosal rojo intenso y curiosamente,  un girasol que cuidaba con mimo.

Claramente su casa, rompía la estética del barrio, aunque aún habían varias casas antiguas  que según suponía  Gorge,  pronto derrumbarían y adecentarían el barrio, estando Gorge más     cómodo.

Cada día al salir a su trabajo, observaba  que su vecino,  Zhor se llamaba,  ejecutaba un ritual curioso.

Tenía una bicicleta, daba unas vueltas por las manzanas y después cuidaba su jardín.

Venían siempre personas a verle.

El se sentaba en una de las escaleras de la calle que accedían a su casa y allí hablaba  con las personas que le venían a ver o charlar. Siempre había gente.

   Se enteró que había sido médico, su mujer murió y él se jubiló entonces.

   – Pensó:  “vienen  a verle porque es médico.”

    Extrañado, veía que niños, personas de mediana edad, jóvenes le saludaban y a veces se les veía reír bastante con él. Incluso les dejaba su bicicleta con frecuencia.

 – ” Quizás aparte de médico, había sido payaso o algo así, se dijo Gorge.”

    Un día, Gorge vió al salir de casa, que Zhor, su vecino, elegante, con una maleta se disponía  a salir.

    Se acercó y le preguntó:

 – ” Hola Zhor !, ¿donde va, le puedo llevar?”

  Zhor, le sonrió, ya que alguna vez se habían saludado y le contestó,

    –  “Bien…, gracias, voy a la estación del tren, si me quiere llevar se lo agradeceré.”

        Gorge le ayudó a subir y colocar su maleta.

Observó que Zhor olía curiosamente bien y no parecía tan mayor como él creía. 

     Zhor fue todo el trayecto hablando y contando anécdotas del barrio con lo que Gorge,  realmente lo  pasó realmente muy divertido, como nunca en su vida.

  –  Se  dijo para sí: 

        “Lástima no haber hablado más con él.”  Le acompañó al tren, entraron en la estación con ruidos, trenes, risas, gritos  y observó que gran parte de los vecinos del barrio estaban allí.

    Se extrañó.

 – ” ¿Quizás iban todos juntos a  algún sitio, o esperaban a alguien llegar?”

Preguntó a un vecino que conocía:

    – “Hola, ¿sabe por qué casi todo el barrio ha venido aquí?”

    – “Sí, le contestó un joven. “

     –  “A despedir a Zhor.”

    – ” Se va 20 días a una boda de su hermano y luego volverá, el día 3 martes, a las 18.45 horas.”

Gorge extrañado se sentó en un banco de la estación y empezó a pensar:

    Se dijo:

    –  “Si yo me fuera ahora de viaje, ¿cuántas personas vendrían a despedirme?,”

    Abrió las manos para contarlas, pensó un largo rato.

– Cruzó las piernas,  sonrió largamente calculando entre 50 y 70.

       De pronto pareció pensativo, luego triste y se dijo:

    -” Creo que no tengo a nadie que viniera a despedirme,  igual que lo hacen con Zhor.”

    Zhor mientras tanto, saludaba con el brazo mientras el tren se movía y una algarabía de gente del barrio  le despedían,  algunos lloraban y otros  reían, pero todos con las manos despedían a Zhor.

– “¡ Hasta la vuelta querido Zhor ! “.

  – ” Zhor al pasar su vagón enfrente de Gorge, le dijo:”

 – “¡Gorge, escúchame! , cuida mi rosa y girasol, si no sabes pregunta cómo se hace a cualquiera de los que han venido a despedirme,  les caes muy bien.”

Si Gorge hubiera sido menos orgulloso y se hubiera sentido como un igual entre los demás, habría descubierto un mundo de humanidad maravilloso, donde a mucha gente le hubiera encantado hablar, compartir y reír con él, igual que hacían con Zhor, pero Gorge  nunca había hablado con ellos.  Cada nuevo amigo es un pedazo reconquistado de nosotros mismos  y a Gorge le faltaba aún su reconquista personal.