131- VIVIR EN PAREJA, ¿ALGO FRAGIL Y TEMPORAL?

Si soltero rimaba con solo, ahora lo hace con libre. Y esta nueva percepción convierte la soltería en algo tan deseable a lo que ni los casados quieren renunciar

Las cosas han cambiado de forma radical. Libertad, independencia, realización profesional y personal… son algunos de los valores en alza en nuestra cultura que los solteros encarnan mejor que nadie. 
Sin embargo, se trata de valores a los que los casados no parecen dispuestos a renunciar: como si aspirasen a vivir en pareja y seguir disfrutando de todas las virtudes que adornan la soltería. ¿Caminamos hacia un mundo de casados solteros?

“Hoy somos todos solteros”, sostiene Jean-Claude Bologne, un historiador belga que acaba de publicar una obra sobre la historia de la soltería. 
Su tesis, de ser cierta, reflejaría un cambio substancial en nuestras costumbres:
“En una época que ha hecho de la libertad su divisa, en nuestros corazones y en el interior de nuestras parejas todos nos hemos convertido en solteros”.

No sólo no estamos dispuestos a prescindir de los espacios de autonomía individual que comporta la soltería, sino que, asegura Bologne, aunque seamos sinceros al jurarnos amor eterno, actualmente vemos la vida en pareja como algo frágil y temporal. 
Las estadísticas le dan la razón: el modelo de vida a dos continúa siendo mayoritario, pero los solteros constituyen un colectivo en plena eclosión demográfica entre los que cada día hay más personas que han conocido la vida en pareja y pueden comparar.

1.- Modelo relación divertida, cada uno en su casa:

“¿Soy más feliz ahora que antes?”, se pregunta Rosa Lima, una comercial que superada la cincuentena y dos relaciones prolongadas lleva ahora cuatro años viviendo sola.

“No tengo respuesta a esa pregunta. Las ventajas de mi vida actual son evidentes: no he de consensuar continuamente las pequeñas y las grandes decisiones de mi vida, con la rebaja que ello siempre comporta, al tiempo que mantengo una relación emocionante y divertida con alguien que vive en su propia casa y con el que sólo me veo para estar bien. 
Pero también es cierto que después de muchos años en pareja, la soledad aterra. Y la fantasía de ser realmente importante para alguien sigue muy arraigada en el fondo de mi alma”.

2.- De momento consolidarme en mi trabajo:

Con la mitad de los años que Rosa y con toda una vida profesional y sentimental por delante, Cristina Fares no está dispuesta a renunciar a nada. Es licenciada en Derecho e intenta abrirse camino en un bufete profesional. 
Ya tiene novio, pero el matrimonio -y no digamos la maternidad- es algo que en estos momentos se encuentra muy abajo en su lista de prioridades:
“Primero quiero consolidarme en mi trabajo y después disfrutar unos años antes de empezar a pensar en esas cosas. Y, por supuesto, una vez que me decida a dar el paso, la igualdad a la hora de fregar los platos o de hacer carrera ha de ser igual para los dos”.

¿Se aborda hoy la vida en pareja desde una mentalidad de eterno soltero?: “En nuestro país y, en general, en todo el sur de Europa, los hombres, cuando se divorcian, vuelven a la casa de sus padres y suelen volverse a casar, así que no existe una cultura de la soltería tan acusada como en los países del norte, donde los jóvenes se van a vivir solos muy pronto”, matiza Pau Miret, investigador del Centre d´Estudis Demogràfics especializado en nupcialidad. 
“Aquí aún resulta demasiado caro irse a vivir solo, y por eso los jóvenes siguen con sus padres hasta los 30 años. Pero sí que es cierto que el matrimonio ya no tiene las características de antes, sobre todo desde la perspectiva femenina”.

Hasta los años 60, explica Miret, la mujer dejaba de trabajar cuando se casaba y se dedicaba a las labores domésticas. 
Era el hombre el encargado de traer el pan a casa. “Hoy, que trabaja el 80% de las mujeres jóvenes, pocas piensan en renunciar a ello para formar una pareja. Por eso las mujeres abordan hoy la vida en pareja con una mentalidad más individualista. El incremento de parejas de hecho también apuntaría en esta dirección”.

La soltería ha dejado de ser la sala de espera de algo mejor para convertirse en un modo de vida asumido por un número cada vez mayor de personas. 
Según el último censo, un 26% de los españoles y un 18% de las españolas de entre 35 y 39 años estaban solteros.
De forma que el fenómeno se consolida demográficamente al tiempo que un halo de glamour arropa a este segmento de la población con mayor autonomía personal y capacidad de consumo que el resto.

Sin embargo, más allá de las virtudes que hoy se presentan relacionadas con la libertad de vivir solo, la soltería también es en muchos casos el reflejo de problemas de comunicación mal asumidos.
Lo explica Juan Antonio Bernard, psicólogo educacional de la Universidad de Zaragoza y autor de La psicología del soltero,una obra donde rastrea los estereotipos infamantes y destructivos que desde los Pirineos hasta Almería han veteado la percepción de los españoles sobre la soltería.

“Frente a ello,mi trabajo propone una reivindicación positiva del soltero que no ha vivido en pareja, pero cuya capacidad para amar, para sentir, imaginar y comunicarse es igual a la de los casados.
Sin embargo, el peso de los estereotipos hace que muchos solteros todavía hoy tengan problemas no resueltos de identidad personal”.

Y el profesor Bernard cuenta una anécdota que lo ilustra:

Cuando vino a presentar su libro a Barcelona, no logró que algún colega universitario hablase desde su experiencia como soltero.

3.- Modelo relación de pareja cada uno en su casa:
Un problema que no tiene Marc Martínez, que desde hace dos años vive en pareja con María. 
“Pero cada uno en su piso”.
Lo cuenta con orgullo. 
Como una gran conquista a la que no piensa renunciar por nada del mundo.

( Imagen: Profesor Jean-Claude, texto : Historia del amor a primera vista).
Art.G. 21-9-18