167- CUANDO YO MUERA

No derrames una lágrima de tristeza, no llores porque he muerto, no me digas cuánto me querías, no me regales flores , no te arrepientas… 
Muchas de estas frases, sentimientos, emociones quedan anclados en lo más profundo del inconsciente personal y familiar y arrastran y culpabilizan a quienes quedan con vida al inframundo de la tristeza y desánimo. 
Es frecuente decir : después del muerto fue él ,o ella , a continuación. 
Es tal el oleaje de ansiedad y ausencia que se genera.

“… he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 
Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: “No llores.” 
Y acercándose, tocó el féretro y los que lo llevaban se detuvieron. 
Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.

No llores por mi, estoy allí y sigo aquí contigo, no para protegerte y cuidarte, ya hay quien lo hace y lo hace durante mucho tiempo, sino que estoy como parte de ti y tú como parte de mi. 
No me ves, pero sigo estando, con otra substancia en otro lugar aunque no significa lejos ni cerca, sino aquí. 
Aquí es en tu corazón. 
No estés triste, no llores, no me fui, sigo estando en ti. 
Tú eres yo, y yo soy tu.

“ Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. “

Imagen: ángel riendo. Catedral de Reims, Francia

Artur Garcia 7-10-18 #muerte