EL COLECCIONISTA DE DIAMANTES -219

Suelo ir con frecuencia a comer a un restaurante cerca de mi casa, pero hay que ir en coche.

Iba antes a veces con mi madre cuando vivía, ahora voy solo.

El dueño me conoce desde hace bastante tiempo y casi siempre que voy, sabiendo que me gustan las anécdotas y me divierten mucho, hoy me ha contado una, con un aprendizaje profundo. Muy profundo.

Parece nimia, pero una vez entendida ves por una pequeña abertura que se abre, destellos de una magnífica Creación, que justo ahora la están creando y ves al Ser que lo está haciendo cómo lo hace … y tú estás escondido mirándole por una ranura.

Ves que es un humorista empedernido y que disfruta riéndose con lo que crea y a su vez lo creado se ríe con El, aunque sean piedras, El les habla, ellas le contestan y juntos ríen…

El relato del dueño del restaurante, más o menos es:

– Ayer fui a Calella ( el pueblo de al lado) y fui al zapatero, me narraba el dueño del restaurante.

– Mientras hablaba con el zapatero y sacaba mis zapatos de una bolsa, entró una señora y preguntó:

– El cinturón me queda un poco pequeño, ¿podría hacer un agujero más en él y cuánto costaría?

– Sí, se puede hacer un agujero o dos más, yo haría uno, dijo el zapatero viendo cómo le quedaba en la cintura a su dueña, y … costaría 25 céntimos, agregó, muy poco.

La señora pagó sus 25 céntimos y salió con su cinturón, cómoda y contenta, todo fue muy rápido y no tuvo que esperar.

– Hoy, dice el dueño del restaurante, he ido otra vez al zapatero, pero no al pueblo de al lado, sino a otro zapatero muy cerca de aquí.

– Sacaba mis zapatos de la bolsa, entró una chica joven y curiosamente preguntó lo mismo.

– Hacer dos agujeros en este cinturón , ¿cuánto vale?

– Nada, dijo el zapatero, no le cobraré nada, es un placer atenderla y por ese trabajo tan pequeño no cobro nada.

Hizo los dos agujeros y la chica joven sonriendo y casi a punto de salir de la zapatería le dijo:

– Tome, un euro para que se tome un café con leche a mi salud. ( un euro es 4 veces 25 céntimos, es decir 100 céntimos y justo es el coste de un café).

El zapatero la miró , la sonrió y extendiendo la mano recogió agradecido la moneda.

– ¡ Gracias ! contestó.

– Yo , me decía el dueño del restaurante apoyando su mano en mi hombro, me quedé pensando y le conté a este zapatero la coincidencia con el zapatero de ayer en el pueblo de al lado y que le cobró 25 céntimos por un agujero de un cinturón y él haciendo no uno sino dos, no cobró nada.

– El zapatero sonrió y me dijo:

– No he cobrado nada porque yo no trabajo por dinero, trabajo por una satisfacción personal sirviendo a los demás y además de un euro que me ha dado sin yo pedírselo me ha dicho: “tómeselo a mi salud … “ y además, ¿ sabes que he ganado ?

– No lo sé, contestó el dueño del restaurante.

– He hecho una amistad y una clienta, y dijo, todo ello sin pedir cobrar ni un céntimo …

– ¿Quien ganó más, el zapatero de ayer o yo?

El dueño del restaurante seguía con su mano sobre mi hombro sonriendo, como quien sonríe a un amigo amado, a casi un niño y mirándome casi me pregunta , y….?

– No le dió tiempo a hacerme la pregunta, antes de que la hiciera le contesté :¡

“prodigioso, fantástico” !

El también sonrió conmigo como un padre que enseña a su hijo pequeño y sonreí con él.

-¿Lo entendiste?, me preguntó.

– Yo sonreí.

Artur Garcia 16-4-19 / 27-7-19
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